
18 de Junio 2009
Desde que la crisis fue "declarada" como una realidad ineludible, han surgido multitud de articulistas, recordándonos la parte positiva de la situación. La frase de "después de la crisis se esconde una gran oportunidad", ya ha dejado de ser original. En cambio, de forma más o menos transparente, muchos candidatos, clientes, compañeros y proveedores que llaman a nuestras puertas, confiesan que la realidad parece estar lejana a dicho slogan.
De hecho, hace apenas cuatro días que aún éramos ricos, no nos quedaba tiempo libre para dar un pequeño descanso a la tarjeta de crédito y en la prensa los % de crecimiento en facturación eran los protagonistas. Por lo tanto, no es de extrañar, que quien más quien menos, haya entrado en un proceso de duelo. Y cuando se entra en este proceso, toca preguntarse si estos lemas del positivismo, el optimismo, la creatividad y la innovación, no serán una estrategia para vender humo o formaran parte de otra burbuja. ¿No será que nos estamos engañando unos a los otros, para poder tolerar conjuntamente los sentimientos de impotencia y desencanto? ¿O, más preocupante aún, que en nuestro caso individual no resulte aplicable?
Es por ello que me siento molesta cuando detecto en muchos artículos la tremenda superficialidad con la que se trata el CÓMO Y DE QUÉ MANERA se realiza este PROCESO, que convierte en realidad este slogan de que la crisis se convierte en una oportunidad. Echo en falta un detalle muy importante: el proceso pesado y "eterno", que cada uno debe superar, para conseguirlo.
Poco a poco, cada uno va haciendo su camino y va descubriendo que la crisis (no me refiero a la crisis colectiva sino la individual), nos obliga a todos a remover, separar y resituar, las propias prioridades en la vida. Superado este espacio de tiempo, empezaremos a ver la luz al final del túnel.
Se genera un juego de fuerzas entre las circunstancias adversas y la capacidad de tolerar la presión, la ansiedad, la frustración y la incertidumbre, se ponen en marcha. Pero también, gradualmente, se recuperan viejos recursos ya disponibles (a veces aparcados en tiempos de bonanza) y resituándolos en nuevos contextos. El cerebro de las personas humanas está diseñado para poder ser capaces de construir nuevas alternativas creativas.
Este proceso de rotura de los "caminos neuronales caducados" permitirá que ya nada vuelva a ser igual. Habremos generado nuevas "conexiones neuronales" y recursos que nos habrán ayudado a desarrollar la musculatura de la adversidad. Para conseguirlo deberemos desarrollar:
Tolerancia a la frustración:
Si nos obstinamos en negar la nueva realidad y a persistir para conseguir aquello que "queríamos, deseábamos o dábamos por seguro" y no somos capaces de reajustar nuestras expectativas, nos sentimos frustrados. La frustración prepara nuestro cuerpo para el ataque o la huída inmediata. Lo cual despierta emociones y sentimientos ligados a la agresión, mal humor, incomodidad, molestia, crispación, irritabilidad, desánimo, ansiedad,... Esta impulsividad resta eficacia a nuestra área racional y, por lo tanto, se generan conductas impulsivas que nos van alejando del objetivo más "razonable".
Tolerancia a la incertidumbre:
Nuestras emociones positivas nos acompañan cuando tenemos la sensación "de control de la situación". Es decir, cuando tenemos la percepción que conocemos la mayoría de las variables implicadas en un proceso de decisión y podemos prever de forma bastante previsible, qué pasará y cómo pasará. Pero la sensación de desorden, confusión, caos, dificultad para ponderar las consecuencias de las decisiones, de que "los otros controlan nuestras vidas", ... nos genera un sentimiento de ansiedad y buscamos de forma rígida e inflexible respuestas concretas, negando las variables que van en contra del punto de vista que "nos da la razón". La opción elegida de actuación, por tanto, no es realista.
Las dos juntas generan un sentimiento de "desastre total y caos total" y nuestra vida pasa a ser dirigida por nuestras emociones.
Cuando hayamos superado todo este proceso de duelo, digerido todos los inputs negativos que hemos ido recibiendo, substituido todas las premisas que dábamos por supuestas y evidentes, es cuando descubriremos que no lo sabemos todo y que no siempre son los demás que se equivocan. Es cuando abriremos nuestra mente para reaprender. Empezaremos a ser MÁS INTELIGENTES y seremos capaces de obtener rendimiento al potencial de nuestra área racional y a recordar los éxitos de nuestro pasado. Visualizaremos la realidad de otra manera y descubriremos nuevos puntos de vista que estaban escondidos detrás de nuestros deseos y emociones. Podremos planificar en base a nuevas alternativas y con visión a largo plazo. Volveremos a ser protagonistas de nuestra vida y ya no seremos víctimas de las circunstancias, ni de las personas que nos rodean. Podremos dar el proceso de duelo por terminado. Y podremos poner en marcha nuestra capacidad de INNOVACIÓN Y CREATIVIDAD.
Si no somos capaces de transmitir que las OPORTUNIDADES no son fáciles de lograr a las personas que se encuentran en el momento más crítico de este proceso, en lugar de dar esperanza, alimentaremos el desánimo. El mensaje de una proactividad muy "académica y milagrosa", puede generar en nuestro receptor la impresión de que es "muy rápido y sencillo", pero únicamente "para los demás". Y de esta forma no nos ayudamos, sólo generamos más impotencia o sensación de ineficacia, a los que están inmersos en la etapa de frustración.
El proceso de duelo, hay que pasarlo. Es la manera de madurar y crecer. No hay pastillas milagrosas que solucionen las dificultades en 2 minutos.Sin embargo, en esta sociedad tan rápida, innovadora, sabia, talentosa, conectada con red y etc., parece que todo lo tengamos que hacer con rapidez y quien no lo consiga de forma inmediata, puede darse por derrotado.
Y efectivamente, pasado un tiempo, volveremos a estar acomodados en una nueva situación y mirándonos el ombligo, porque fuimos tan buenos superando estas circunstancias. Y volveremos a empezar un nuevo ciclo.
Joana Frigolé
Consultora Gerente

C/ Eiximenis,20, 4º 2a - 17001 GIRONA
Tel. 972 20 92 57